La escena gastronómica de Montevideo atraviesa un momento activo, con aperturas que se multiplican y propuestas que empiezan a correrse de los formatos más tradicionales. En distintos barrios aparecen restaurantes y cafeterías que afinan su identidad, trabajan mejor el producto y ponen el foco en la experiencia, en diálogo con una ciudad donde la oferta crece y se concentra en nuevos polos urbanos.
Esta selección reúne algunas de las últimas aperturas que aportan un giro propio. Proyectos que combinan cocina, diseño y concepto, con ideas que van desde formatos híbridos hasta reinterpretaciones de clásicos. Lugares que entienden el momento y proponen algo más que salir a comer o tomar café.
Martei – Muebles & Café propone un cruce poco habitual en la escena local y ahí está su mayor atractivo. La cafetería, situada en Florida 1487, convive con un espacio de mueblería donde cada pieza forma parte activa del lugar. La propuesta gastronómica acompaña con café de especialidad, pastelería y opciones simples, pero ricas.
Madera, textiles, líneas limpias y una selección cuidada de mobiliario construyen un entorno auténtico y sin elementos de más, acercando una propuesta que combina diseño y gastronomía en partes iguales.



En Cerrito 481, Curado activa un edificio con historia y lo convierte en un espacio híbrido donde conviven muebles y objetos de primera y segunda mano, cafetería y eventos. Durante casi 100 años, el local formó parte de una imprenta familiar y funcionó como papelería y librería bajo el nombre “Al Libro Inglés”. El cierre del negocio, a mediados de los 2000, dejó el lugar vacío hasta su reciente recuperación, hoy puesto en valor con una intervención que respeta esa memoria.
La selección de piezas tiene una curaduría exquisita: muebles vintage y objetos únicos construyen una identidad desde el momento en que se atraviesa la puerta de entrada. Cada elemento está pensado para ser usado, observado y también adquirido, en una dinámica que mezcla exhibición y experiencia. El café de especialidad acompaña con una ejecución cuidada, pastelería y opciones pensadas para una dinámica flexible a lo largo del día.


Sanguche toma un clásico y lo lleva a otro nivel. Panes, carnes y combinaciones que suman capas de sabor, con recetas más cargadas y diseñadas para que cada bocado tenga peso. Hay versiones con carne, pollo y toppings que empujan el formato hacia algo más contundente, lejos del sándwich básico.
La ubicación, en plena esquina de Tristán Narvaja y Uruguay, juega directo con el flujo de la feria de los domingos, uno de los puntos más activos de la ciudad, respondiendo con una dinámica ágil para alto movimiento y consumo rápido. El espacio baja esa misma idea a lo físico; un proyecto de estudio CRUDO resuelto con pocos elementos: barra continua, estética industrial y materiales expuestos.


En Charrúa 2054, Pulpo cruza dos mundos que en Montevideo rara vez se tocan: pastas y boliche. El local pone el plato en el centro con recetas que trabajan técnica y sabor, y lo lleva a un formato más descontracturado de barra, movimiento y música. Hay una reinterpretación actual de la pasta y combinaciones que buscan más intensidad, acercando una experiencia divertida entre plato y copa.
El proyecto está liderado por el chef Ezequiel Centeno, quien cuenta con un recorrido previo en la escena local y una mirada puesta en actualizar un clásico que forma parte de la cultura gastronómica uruguaya. Acompañando esa idea, el espacio funciona con cocina abierta, barra en movimiento y un ambiente muy cool.



Rosa deja atrás su etapa como pizzería y se redefine como restaurante. El cambio amplía la propuesta y abre el juego a una carta más extensa, con platos que siguen la línea de trabajo de Lucía Soria caracterizada por el respeto al producto y las combinaciones con carácter. A la base conocida se suman nuevas preparaciones para almuerzo, tarde y cena, todos los días.
El nuevo local, en Charrúa y Brito del Pino, ocupa una construcción antigua refaccionada a nuevo y, con el rojo como hilo conductor de la ambientación, invita a disfrutar de un ambiente cool tanto para familia como para grupos de amigos.



Abasto amplía la clásica parrilla de barrio con una cocina que apuesta al producto bien tratado, cocciones precisas y preparaciones de sabor profundo. En Salto 1050, el proyecto ocupa una antigua carnicería de Palermo y conserva gran parte de esa identidad.
Pero la propuesta no termina en el menú de parrilla (que vaya si vale la pena probar); los postres tienen peso propio, con opciones que coronan la experiencia. El ambiente acompaña con mesas pensadas para estirar la sobremesa, en un clima relajado que invita a quedarse y charlar sin apuro.



Casi Casa se instala en Punta Carretas con una propuesta de raíz mediterránea enfocada en producto y técnica. El proyecto reúne a Sebastián Balbis, Michel Castro y Manuel Gopar, tres cocineros con experiencia internacional que trasladan ese recorrido a una carta acotada y bien calibrada. La selección recorre paellas, fideuá, pastas frescas, pescados y mariscos, junto a algunos platos de perfil más intenso.
El espacio acompaña con una estética cuidada: materiales nobles, paleta cálida, iluminación baja. El diseño apunta a generar cercanía y permanencia, con un layout que favorece mesas largas y una dinámica relajada. Una apertura que se apoya en oficio, buena lectura del contexto y una ejecución prolija, alineada con la vibra de la zona.


Un espacio de cocina abierta con los platos de siempre, íntimo y cuidado. Hopper Bistró llegó recién a Av. Rivera 2843 con una carta breve y rotativa que incorpora preparaciones de impronta casera. Hay guiños al brunch, a las pastas de fin de semana y a una cocina que se adapta al momento del día.
La cocina abierta marca el ritmo y predomina una atmósfera introspectiva, pero llevada a un registro cálido que invita a quedarse. Todo pasa ahí, expuesto, con un formato que acerca al cliente al proceso. El diseño acompaña con una puesta contenida, sin exceso de elementos y buena iluminación.


Café de especialidad, brunch y algo dulce bien resuelto. Spazio Moka se mueve en ese combo que ya es parte de la dinámica de Pocitos con una propuesta enfocada en bebidas y una carta simple. El fuerte está en el café: variedad de preparaciones, opciones más golosas (como mochas y versiones saborizadas) y una ejecución que cuida el detalle en taza. A eso se suman jugos, licuados y una línea de pastelería para plan de desayuno o merienda.
El formato es ágil, pensado para distintos momentos del día. Se puede resolver un paso rápido o quedarse un rato. Mesas interiores, algo de exterior y una ambientación luminosa que apunta a la comodidad, definen un espacio cercano y práctico.



Massey Familia aterrizó en Carrasco con una propuesta que trabaja el imaginario italiano desde un lugar cuidado y actual. El eje está en las pastas frescas hechas en el día, con combinaciones que elevan lo conocido. La carta se mueve sobre clásicos reinterpretados: ravioles de espinaca y gorgonzola, sorrentinos de calabaza con avellanas, pastas largas con salsas que suman textura y carácter. Hay una intención evidente de sofisticar el repertorio italiano a partir de producto y técnica, más que desde la sorpresa.
El espacio tiene una estética elegante, guiños a la tradición europea y una mirada contemporánea que baja esa referencia a escala local. Obras de arte, mobiliario con impronta francesa y una ambientación cálida construyen un interior pintoresco en una única planta que incluye salón, bakery y sector de almacén.



En Carrasco Valley, Norimoto es el primer hand roll bar de Uruguay y pone sobre la mesa una forma distinta de consumir sushi. Acá todo gira en torno al momento: piezas armadas al instante, pensadas para comerse con la mano y en temperatura justa, cuando el alga todavía está crocante y el arroz conserva su textura. La propuesta reduce el formato a lo esencial y lo trabaja con precisión.
El espacio acompaña esa idea con un diseño de Lisandro Onori que organiza el local en dos mitades: producción y sala, con una barra protagonista que expone el armado en tiempo real. Desde afuera una pecera vidriada da la bienvenida a una estética minimalista y guiños japoneses que invitan a un verdadero viaje gastronómico.



Platos que cambian según el día, con opciones que combinan carnes, vegetales, pastas y preparaciones de estación. En la propuesta de Pompei, situado en Carrasco Valley, todo apunta a un consumo ágil, pero cuidado. Se puede armar un almuerzo rápido o quedarse más tiempo, con una oferta que se adapta a distintos momentos del día y mantiene un estándar parejo.
El proyecto ocupa un excuartelillo de bomberos en Carrasco, un punto que suma identidad desde el arranque. El espacio conserva esa impronta con un mostrador protagonista que marca la dinámica y deja la cocina a la vista. La ambientación combina materiales cálidos, hierro, madera y detalles que remiten al uso original del edificio.












