Cuatro amigos y cuatro trayectorias que se cruzan entre la arquitectura, la gastronomía y el arte son el detrás de escena de Disponible, el espacio íntimo de cenas curatoriales que abrió recientemente en la planta baja del Edificio Florida, próximo a la Plaza Independencia. La iniciativa nació de Mauricio López y Matías Carballal (socios del estudio FROM Arquitectos), Valeria Mónigo (de Entre Agencia) y Víctor Della Vecchia (a cargo del estudio VDV Arch).
Inspirados en sus viajes y en el descubrir de nuevos territorios, donde el vino es una puerta de entrada a paisajes, culturas, historias y sabores, decidieron traer a Uruguay una propuesta diferente, alejada de las cartas convencionales y más cerca del aprendizaje, la experimentación y la curaduría.

Además de acercar una colección de etiquetas difíciles de conseguir, Disponible es una reflexión profunda del espacio y sus materiales. La elección del nombre no es casual y parte de una actitud frente a lo que ya existe y se redescubre. El local —que curiosamente ellos mismos habían proyectado desde FROM Arquitectos años atrás— se convierte en una obra viva que reúne arquitectura, reutilización, memoria y deseo.
Conversamos con uno de sus socios, Mauricio López, sobre el concepto detrás de Disponible, su perspectiva desde el rol de arquitecto y lo que sucede cuando la creatividad y el conocimiento se fusionan en pos de una experiencia diferencial.

En pocas palabras, ¿cómo definirías la propuesta de Disponible?
Disponible es un lugar de momentos, no es un bar de vinos de puertas abiertas. Cada mes tenemos una propuesta distinta de vinos, que intenta explorar la vastedad de opciones de ese universo, vinculadas a regiones y paisajes. Digo paisaje en el sentido más amplio del término: no solo desde la geografía, sino desde lo productivo y lo social, entendiendo cómo se traducen esas influencias al vino. Esta idea nos puso en el desafío de trabajar en una propuesta íntima y de pequeña escala. Desde la gastronomía hasta el interiorismo, intentamos que fuera una mirada muy íntima y consciente sobre lo que está disponible. Ese es un concepto muy fuerte para nosotros en todos los términos, partiendo de los vinos, que de repente hay 300 botellas en el mercado y sin embargo priorizamos etiquetas que muchas veces no se consiguen o específicas de lugares poco accesibles.
¿Qué significó para ustedes poder volver a habitar un edificio que habían proyectado años atrás?
Esa fue una linda coincidencia. Nuestra vida como arquitectos nos llevó a la casualidad de haber proyectado el edificio donde está el local de Disponible, hace algunos años. En su momento el cliente nos había pedido un edificio de estacionamiento, pero no nos convencía quedarnos solamente ahí. Le planteamos al comitente que un espacio de ese tipo podía ser muy funcional y también lo importante que es pensar en el vínculo que ese edificio puede tener con la ciudad . El modelo que se nos proponía replicar negaba un poco el espacio público, entonces sugerimos que se hibridara e incorporaran locales de uso comercial. Así nació la idea de un local en planta baja y otro en el último piso con un rooftop que mira por encima del Palacio Estévez a la Plaza Independencia. La ubicación era valiosísima y tenía que ser explotada de alguna manera. El edificio es una estructura 100% metálica que se trajo desde el exterior. Se generó un molde digital y se mandó a producir afuera. Una vez en Uruguay se montó toda la estructura de manera bastante precisa.



¿Cómo fue el proceso de transformar el espacio para resignificarlo con una propuesta propia
El lugar tiene unos 65 metros cuadrados, es pequeño. Tenemos una cocina de elaboraciones muy simples, por lo que se generó un núcleo de servicios muy apretadito, pero eficiente, junto al gran salón. Es un único espacio bastante duro y rústico, con vías metálicas, techo de steel deck, paredes con placas cementicias a la vista. Hay una medianera muy rústica hecha de unos ladrillos de principios del siglo XX, que genera una cuestión bien interesante. Con esta estética, empezamos a trabajar el concepto de ser un lugar de encuentro, donde poder disfrutar de unos platos que acompañaran unos vinos, cuidadosamente seleccionados, casi de manera curatorial. Nos enfrentamos al espacio vacío como una oportunidad y entendimos que había que lograr un efecto muy fuerte.
Tienen una curaduría exquisita de materiales reciclados o reutilizados, ¿cómo y por qué abordaron el diseño interior desde esta perspectiva?
Desde lo conceptual, para nosotros, Disponible significó una búsqueda intensa de un montón de materiales que nos hacen mirar la relación que tiene nuestra profesión de arquitectos con el mundo y el entorno. La construcción muchas veces deja por el camino elementos que se consideran desperdicios o sobrantes y en realidad tienen la posibilidad de una segunda vida que le negamos. Como grandes productores de basura, de leftovers, entendemos que hay una oportunidad para reflexionar sobre el lugar que ocupan esas cosas que dejamos. Siempre nos planteamos nuestros proyectos desde una mirada crítica. No somos solucionadores de problemas, pero sí planteadores de posibilidades. Nos gusta que los proyectos tengan una mirada reflexiva y eso hicimos con este pequeño local que estaba vacante.
A nivel estético, ¿partieron de una idea predeterminada o fueron creando en función de esas joyitas que iban encontrando?
Queríamos huir de la estética de la vinería o bar de vinos con barricas, madera y durmientes. Nos propusimos dialogar con la estética del edificio y optar por unos aires mucho más neoyorquinos o berlineses, de estética bastante más despojada. Y también nos dejamos sorprender. En una metalúrgica encontramos algunos elementos que nos parecieron fantásticos como unas chapas perforadas hermosas, resultado del desperdicio de la producción de arandelas. De ahí obtuvimos el revestimiento de las áreas de servicios. Para lograr mayor calidez y una rugosidad interesante aplicamos al cielo raso una celulosa proyectada, que a la vez funciona como colchón acústico, porque arriba de las cabezas de quienes están comiendo está la calle. Entendiendo también ese entorno, aplicamos unos vinilos translúcidos americanos en los vidrios que dan un efecto muy lindo. Se plantea como un juego de luces y sombras, de figuras veladas. Desde la fachada se ve lo que pasa ahí dentro a través de sombras bastante sensuales, mientras que desde adentro hacia afuera se genera una teatralidad muy interesante con el efecto que causan las luces de la ciudad, de los autos, y hasta los teléfonos celulares de las personas.



Todo se estructura, básicamente, alrededor de una gran mesa. ¿A qué se debe esta decisión?
Como la clave de todo siempre fue la idea de compartir, optamos por una gran mesa de comedor. A diferencia de los lugares tradicionales con mesas separadas que generan pequeñas intimidades, acá creímos que una gran mesa nos ayudaría a lograr un impacto visual fuerte con un efecto potente en las relaciones humanas que suceden dentro de Disponible. La mesa es pensada como un acto colectivo y es el centro que estructura el salón. La invitación a compartir esta mesa es, además, una tradición milenaria. En las mismas bases de la formación de las sociedades, del ser social que es el hombre, está este acto tan simple, por lo que nos pareció un símbolo superfuerte.
¿Cómo es esta pieza?
La mesa tiene unas características bien determinantes y está confeccionada a partir de dos piezas de una piedra color caramelo, brillante, absolutamente sensual, que conseguimos en una marmolería de Toledo. Nos gustó su historia, además de ser hermosa, es lo que se llama una punta de producción. Esta marmolería compra sus piedras en el sur de Brasil y ciertas piezas únicas de tres centímetros de espesor se producen para el mercado norteamericano. De repente algunos pocos lotes no se venden y son enviados para acá como puntas de lotes que permanecen disponibles esperando a que alguien se enamore de ellas. Fue el caso. Las cortamos, las pulimos y nos trajimos esas dos piezas que además son simétricas. El resultado es una mesa enorme, de 5.80 de largo por 1.20 metros, con lugar para unos 20 comensales que se sostiene en unas 16 patas que inicialmente eran columnas de alumbrado público. Las hallamos en una cementería, estaban en desuso hace más de 15 años. Logramos cortarlas y las dispusimos como base, posicionadas no exactamente en grilla, para generar una ligereza dentro de la pesantez que tiene el plano de piedra.

¿Por qué optaron por una altura diferente a la tradicional?
La altura de la mesa es de 90 centímetros, que es la de un plano de trabajo, a diferencia de una típica que tiene 70 centímetros y el comensal se sienta bajo. Acá nos parecía fundamental lograr que, cuando alguien fuera a servir una copa y contar lo que estás tomando, no existiera una diferencia de altura incómoda.
Hay cruce interesantísimo entre artes como la pintura y la música. ¿Cómo trabajan esa idea?
Estamos armando unos ciclos trimestrales donde traemos distintos artistas para renovar las obras que se exhiben en el salón. Y, además, para cada una de las propuestas del mes armamos una playlist específica. Tenemos un equipo de audio vintage, de los años 70, con unos parlantes no tan comunes, que aporta una atmósfera bastante íntima al lugar. Armamos esa playlist para que, quien pueda escuchar la música de fondo, descubra una intencionalidad fuerte en la selección de discos. No son playlist de temas que uno pone de fondo, sino que sirven de fondo, son marco también. El mes pasado trabajamos con una selección de vinos españoles y acompañamos con música mítica de la psicodelia española. Entonces traemos discos que hablan de la historia de la música, aunque para muchos son desconocidos. La propuesta es integral a un nivel impresionante, hay trabajo en muchas capas.
Fotos: Aldo Lanzi, Karin Topolansky y Camila Montenegro









