La arquitecta Ximena Fontán Balestra tiene amplia experiencia trabajando en ciudades como Madrid, Punta del Este, Londres, Miami, Nueva York entre otras, además de Buenos Aires. En esta oportunidad, fue convocada con una premisa especial: transformar una casa que funcionaba como consultorio médico en planta baja y reorganizar los espacios.
La propuesta de la profesional planteó una zona de recepción y áreas sociales en el nivel inferior, mientras que las áreas privadas se trasladaron al nivel superior. Otro de los objetivos fue maximizar la conexión visual con el jardín y la pileta desde todos los ambientes, además de reconvertir el antiguo depósito del subsuelo en un gimnasio y cava.




El proceso fue ágil y enriquecedor. Los clientes, una familia francesa residente en París, aportaron una visión europea que amplió la libertad de diseño. La distancia nunca fue un obstáculo: la relación de confianza y la buena recepción de las ideas hicieron que el trabajo fluyera con naturalidad.
El apartamento tiene 550 m² y se encuentra en un edificio de estilo francés de la década de 1920. La propiedad se encontraba en su estado original, prácticamente intacta desde su construcción, lo que ofrecía una caja arquitectónica con gran potencial para ser reinterpretada. Las proporciones clásicas, las aberturas y la impronta francesa se combinaron con un diseño actual y sofisticado que potencia los contrastes.



El proyecto se propuso respetar la nobleza de los materiales atemporales, al tiempo que incorporaba elementos contemporáneos. La escalera, el piso y la biblioteca fueron diseñados con un lenguaje disruptivo y fluido, pero ejecutados con materiales de tradición, logrando un contraste que enriquece sin chocar. La boiserie original, por ejemplo, fue cuidadosamente restaurada en lugar de sustituirse, integrándose a un discurso moderno.
Se reemplazaron todas las ventanas del contrafrente por aberturas de mayor altura, se integraron espacios y se trabajó con materiales claros y espejos estratégicamente ubicados para amplificar la luz tanto en interiores como en el jardín.




El concepto central fue crear una conexión visual continua con el jardín desde cada ambiente, reforzada por elementos arquitectónicos protagonistas como la escalera y el hall central. De estos puntos nacen lo que definimos como pinceladas arquitectónicas, intervenciones que entrelazan los espacios y permiten una transición orgánica y fluida.
El interiorismo se resolvió con un criterio contemporáneo: mobiliario hecho a medida, líneas puras y pocos elementos, pero de gran diseño. Se utilizó mármol en distintas aplicaciones, piezas de fuerte presencia y una paleta que refuerza la elegancia del conjunto. Cada mueble fue pensado específicamente para su espacio.

El diseño del piso y de la escalera convierte a estos elementos en piezas escultóricas. Sus curvas y aberturas generosas aportan movimiento, continuidad espacial y una experiencia luminosa que define el carácter de la casa.
El paisajismo estuvo a cargo de Alejandra de Dominicis, quien diseñó un jardín dominado por helechos y plantas rastreras, acompañadas por especies arbóreas preexistentes que se conservaron. La pileta, profunda y pensada para nadar, ocupa el centro del terreno y dialoga con un espejo de agua al final del jardín, generando una sensación de continuidad vertical.




Los canteros, dispuestos en forma de espina de pescado, introducen un movimiento dinámico que teje un vínculo fluido entre arquitectura y naturaleza. El área exterior se completa con un anexo con parrilla e isla de grandes dimensiones, un espacio de reunión poco habitual en pleno corazón de Recoleta.
Créditos: Fotos Daniela Mac Adden / Producción Silvina Bidabehere










