El proyecto Castañeda consiste en el diseño de arquitectura interior de un apartamento para un cliente joven, desarrollado por Basz Arquitectos en 2024 en el barrio de Bajo Belgrano. Desde el inicio, uno de los principales desafíos estuvo dado por la resolución del acceso al departamento, condicionado por una planta original que presentaba un recorrido largo y carente de uso. Esta condición fue tomada como una oportunidad proyectual para construir una experiencia espacial con identidad propia y definir el carácter del proyecto desde el ingreso.

El trayecto de acceso se resolvió a partir de un concepto de total black, donde planos de madera de roble negro se intercalan con planos de espejo, líneas verticales de luz y vitrinas, transformando un pasillo residual en un recorrido dinámico que incorpora distintos usos a lo largo de su desarrollo. Integrados de manera casi imperceptible en los paneles, se dispusieron espacios de guardado complementarios que conviven con una bodega y vitrinas expositivas. A esta intervención se suma la apertura visual hacia el vestidor mediante un paño acristalado con cortinas americanas negras, que tamizan las visuales y permiten establecer una relación directa con el ingreso, junto a un estante que funciona como apoyo para la recepción.



El proyecto se estructuró a partir de una paleta oscura, de impronta masculina y nocturna. En la definición de la colorimetría y la materialidad se priorizó la presencia de tonos negros tanto en revestimientos como en mobiliario, acompañados por un diseño de iluminación y un uso estratégico de espejos que amplían o duplican las visuales, aportando profundidad y carácter a los espacios.
En contraste con esta atmósfera, los tonos neutros y claros del sofá y la alfombra equilibran la composición y aportan luminosidad al espacio principal, acompañando de manera armónica las morfologías del mobiliario seleccionado. La mesa de madera de roble negro se apoya sobre un pie de vidrio que refuerza la sensación de liviandad y se dispone de forma contigua a una isla realizada en piedra maciza Antracita. En la cocina, la madera de roble natural adquiere un rol protagónico y aporta calidez, lo que establece un contrapunto material con el roble oscuro presente en el resto del departamento y con la piedra de la isla.

El espacio principal se organiza de manera lineal, donde la isla–mesa funciona como nexo entre la cocina y el sector de estar, completamente integrado. Este ámbito se completa con un sofá de marcado peso visual, una mesa de arrime y una poltrona que contrastan por su buscada liviandad, generando un equilibrio entre masa y sutileza. Un espejo apoyado en el piso amplía las visuales y refuerza la percepción de continuidad espacial, mientras que una consola suspendida de proporción longitudinal subraya la horizontalidad del conjunto.




En el toilette, la piedra Antracita se utiliza como material conductor en la mesada con bacha incorporada, conformando un volumen de apoyo que adquiere presencia propia. La verticalidad se acentúa mediante un espejo gris oscuro con iluminación difusa posterior, dispuesto de manera desfasada respecto del volumen principal. Para reforzar el clima buscado, se trabajó la totalidad de la caja interior con pintura en tono gris humo.


El dormitorio principal continúa la línea de diseño del resto de la vivienda a través de los materiales y la paleta cromática. Una cama baja, de aspecto relajado, se acompaña con mesas de noche de distinto formato y materialidad, generando un juego de contrastes entre líneas rectas y superficies en laca brillante, y formas más orgánicas en madera de poro abierto. Esta lógica se replica en las luminarias, donde una lámpara de pie negra y de líneas duras se contrapone con una esfera de luz difusa dispuesta en el lado opuesto.
El vestidor, ubicado en un sector complejo de la planta original, se utilizó como recurso para reforzar la experiencia de ingreso al departamento, separándose del hall mediante un cerramiento de cristal y una cortina americana negra. Para contrarrestar la atmósfera oscura del acceso, se diseñó un espacio de guardado abierto en tonos claros, acompañado por iluminación difusa que aporta luminosidad al recorrido.


La iluminación fue un pilar fundamental del proyecto, como en cada trabajo del estudio. Se incorporaron artefactos embutidos de mínimas dimensiones con interior negro, líneas de iluminación LED difusa integradas al mobiliario, rajas verticales embutidas para acentuar sectores específicos, un riel aplicado con iluminación puntual y elementos lineales suspendidos y tensados que destacan la caja arquitectónica base y refuerzan la lectura general del conjunto.










