De fábricas, conventos y talleres a propuestas gastronómicas y coctelería top, estos lugares tienen algo en común: cada uno guarda una historia diferente y, si las paredes hablaran, tendrían mil anécdotas que contar. Cada uno de estos 10 sitios guardan detalles del pasado, pero se adaptaron al presente con innovadoras propuestas. Hay desde una exfábrica de zapatos reconvertida en club nocturno, hasta una carpintería que ahora sirve comida tan consciente como sabrosa.
Este restaurante en Ecoparque renació en la histórica confitería Pabellón El Águila, un edificio art Nouveau con terraza, buena cocina y aires de época restaurados al detalle. La restauración fue un trabajo fino: se recuperaron pisos originales, se tiraron paredes y se renovaron las instalaciones para devolverle su carácter original.

En lo que fue el teatro El 35, de los años 20, hoy hay un restaurante concert con escenografía restaurada y detalles originales que invitan a vivir una experiencia única. El edificio conserva su esencia original: mármoles franceses, rosetones, molduras y un ascensor tijera de roble de Eslavonia que sigue funcionando. Los pisos de damero blanco y negro, con más de 100 años de historia, son testigos de las épocas doradas del teatro, donde figuras reconocidas dejaron su huella sobre el escenario.

Funciona en la ex Casa de Estudios para Artistas de Antonio Bonet, una joya modernista de 1938. Hoy es un bar de vinos elegante y relajado que honra la historia del lugar con copas en mano. Entre líneas curvas y copas de vino, Acuario logró convertirse, en poco tiempo, en un clásico, reconocido por su diseño modernista y vanguardista.

Un convento centenario en Villa Devoto se convirtió en bistró y café de diseño elegante y cocina con impronta cordobesa. Ideal para un brunch en un espacio con historia y calma. El edificio, con más de 120 años de historia, conserva detalles originales como las baldosas centenarias de Savona, Liguria, mientras que la renovación aportó un toque moderno con amplios ventanales, techos altos y una elegante combinación de paredes blancas y carpintería negra.

Donde antes había una fábrica textil en Villa Ortúzar, ahora hay un boliche de 2.000 metros cuadrados con arquitectura de Sergio Lacroix, fiestas electrónicas y una propuesta artística que se renueva cada semana. El arquitecto y las fundadoras diseñaron un espacio neutro y versátil, capaz de adaptarse a las distintas propuestas artísticas que cada semana llenan el espacio de ritmo y creatividad.

Un extaller de electricidad del auto en Palermo es hoy una pizzería que celebra su pasado industrial. Lejos de ocultar sus orígenes, celebra esa estética con paredes desgastadas con inscripciones originales, carteles de baterías y electricidad, y barriles reconvertidos en mesas que invitan a comer de parado con birra en mano.

Una pizzería que fue taller mecánico en Villa Crespo, donde la masa madre y el horno a leña conviven con frases pintadas en las paredes y herramientas como parte de la deco. El espacio mantiene esa esencia mecánica que le otorga una personalidad unica, conservando el espíritu original pero con una vuelta moderna. La barra central, las mesas con sillas cómodas y la iluminación cuidada crean un ambiente relajado y canchero.

En un antiguo taller mecánico de Núñez, hoy hay una cocina a fuego 100% vivo: sin gas ni electricidad. El proyecto de Esteban Cigliutti y Leo Lanussol (creador del mítico restaurante Proper) transformó el enorme espacio de 300 metros cuadrados en un ambiente elegante y minimalista donde todo se prepara exclusivamente a leña.

En el antiguo edificio de la droguería Química Estrella hoy funciona Stern, un restaurante que le da nueva vida al complejo Espacios Estrella, en pleno corazón de La Paternal. Lugar relajado, cocina abierta y una plaza central como escenario para disfrutar entre árboles y sabores bien pensados.

De sastrería de lujo a bar restaurante. Entre vitrales, cedro inglés y una barra imponente, este enclave gastronómico revive la elegancia de antaño con coctelería y platos que homenajean su historia. Entre 1978 y 2002, el espacio albergó a Clark’s, el restaurante donde el legendario chef Gato Dumas dejó su huella en la gastronomía porteña. Luego de una restauración de nueve meses, el lugar recuperó el estilo de la belle époque con vitrales coloridos, paredes revestidas en cedro importado de Inglaterra y una imponente barra de madera que recuerda a los clásicos pubs irlandeses.

Fuente: www.timeout.com









