La arquitectura siempre llegó tarde al espacio. Durante décadas, la exploración extraplanetaria fue dominio exclusivo de ingenieros, científicos y agencias gubernamentales, mientras el diseño permanecía atado a la Tierra. Sin embargo, en las últimas décadas ese límite comenzó a correrse a medida que la idea de habitar la Luna o Marte dejó de ser un ejercicio de ciencia ficción. Hoy existe una posibilidad cada vez más real de crear sistemas de vida, estructuras habitables y entornos complejos en condiciones extremas.

Mars Science City, Bjarke Ingels Group
Pero la exploración humana del espacio se sostiene sobre marcos presupuestarios inmensos y estrategias institucionales de largo plazo que condicionan qué puede diseñarse y cómo. Estos programas de exploración humana movilizan inversiones públicas de miles de millones de dólares para habilitar infraestructura, desde hábitats hasta sistemas constructivos y ensayos de vida sostenible, fuera del planeta.
Anualmente, la NASA opera con un presupuesto anual de más de 8.000 millones de dólares solo para su programa Moon to Mars, que incluye transporte, sistemas de misión y desarrollo de tecnologías clave para la exploración profunda del espacio. En paralelo, la European Space Agency consolidó un presupuesto récord de aproximadamente 22.000 millones de euros para 2026–2028, destinado a fortalecer su papel en la carrera espacial global, preparar misiones tripuladas y desarrollar capacidades autónomas de exploración.
En este cruce todavía incipiente entre exploración espacial y proyectos que permitan la permanencia en sitios como la Luna y Marte son pocos los estudios que han logrado sostener una línea de trabajo continua. Entre ellos, tres nombres concentran la atención por la escala de su práctica y la solidez de sus vínculos: Foster + Partners, Bjarke Ingels Group y Hassell. Sus investigaciones se desarrollan dentro de estudios que alternan prototipos a escala real, investigación aplicada y financiamiento público-privado sostenido, trabajando sobre condiciones concretas de habitabilidad, construcción y vida cotidiana.

Hábitats lunares mediante impresión 3D, Foster & Partners
Foster + Partners / Infraestructura para habitar lo inhabitable
Foster + Partners fue una de las primeras grandes firmas en trasladar su cultura tecnológica al campo de la arquitectura espacial. En colaboración con la European Space Agency, el estudio forma parte de un consorcio que investiga la construcción de hábitats lunares mediante impresión 3D utilizando regolito, el material disponible en la superficie de la Luna. El sistema plantea módulos plegables transportados desde la Tierra que, una vez desplegados, son recubiertos con estructuras impresas in situ para proteger a los ocupantes de la radiación, los micrometeoritos y las extremas variaciones térmicas.
Paralelamente, la oficina desarrolló proyectos conceptuales junto a la NASA y Branch Technology, entre ellos una torre solar de aproximadamente 50 metros de altura, destinada a proveer energía y comunicaciones en el polo sur Lunar. Este proyecto pone en evidencia un punto clave de la vida extraplanetaria, ya que sin infraestructura energética ni redes de comunicación, la arquitectura simplemente no es posible.




Foster + Partners también participó en desafíos de hábitat marciano organizados por la NASA con propuestas que exploraron robótica y construcción autónoma con uso de materiales locales. Estas investigaciones se han presentado en exposiciones como From Earth to Space and Back, donde el estudio establece un diálogo directo entre arquitectura espacial y aplicaciones terrestres, mostrando cómo los desarrollos pensados para el espacio pueden retroalimentar la arquitectura sostenible en la Tierra.
A esto se suma el diseño de Spaceport America, en el desierto de Nuevo México, el primer puerto espacial comercial construido específicamente para vuelos suborbitales y actividades aeroespaciales privadas. Este sitio también funciona como un campus de innovación capaz de albergar lanzamientos, pruebas, entrenamiento y desarrollo tecnológico. Por primera vez la arquitectura asume un rol activo en la transición del espacio como dominio exclusivamente estatal hacia un ecosistema híbrido, donde agencias públicas, empresas privadas y centros de investigación conviven.
Bjarke Ingels Group / Arquitectura como sistema operativo
La aproximación de Bjarke Ingels Group al espacio se consolidó a través del Proyecto Olympus con la NASA, una iniciativa destinada a investigar sistemas de construcción robótica en la Luna mediante impresión 3D y uso de materiales locales. Desarrollado junto a SEArch+ e ICON, el objetivo es desarrollar nuevas lógicas constructivas capaces de operar en entornos sin atmósfera, baja gravedad y alta radiación.

Ese enfoque se materializa también en Mars Dune Alpha, un hábitat de investigación impreso en 3D ubicado en el Centro Espacial Johnson, en Houston. Diseñado por BIG e impreso por ICON, el edificio funciona como escenario del programa Chapea de la NASA, que estudia la salud física, conductual y el rendimiento de tripulaciones en misiones de larga duración. Con una superficie de 165 metros cuadrados, el proyecto se estructura como una microciudad que incluye camarotes individuales, áreas de trabajo, espacios médicos, cultivo de alimentos y un área común central.



En paralelo, BIG participa en Mars Science City, en Dubái, uno de los proyectos más emblemáticos de simulación marciana a escala urbana. Impulsado por el Mohammed Bin Rashid Space Centre, se trata de un complejo urbano experimental de aproximadamente 176.000 m², que busca simular en la Tierra las condiciones ambientales y tecnológicas necesarias para la vida humana en Marte. El proyecto se apoya en tecnologías como la impresión 3D con materiales locales, sistemas cerrados de energía y gestión de recursos, y envolventes capaces de responder a condiciones extremas.
Hassell / Diseñar para que la vida prospere
Hassell aborda la arquitectura espacial desde una pregunta menos evidente, pero fundamental: cómo se vive en el espacio. Tras trabajar con la NASA en el diseño de hábitats marcianos, el estudio colabora actualmente con la European Space Agency en dos proyectos de investigación centrados en la Luna. El primero, desarrollado junto a la Universidad de Cranfield, investiga un marco escalable para hábitats lunares basado en una arquitectura de misión holística, capaz de
El segundo proyecto, en colaboración con la Universidad de Toronto, se enfoca en el desarrollo de sistemas robóticos modulares y reconfigurables para la construcción lunar. Pensados para operar en baja gravedad y condiciones extremas, estos sistemas permiten adaptarse a distintas tareas (excavación, transporte, impresión 3D) y garantizan redundancia frente a fallas, una condición crítica en misiones espaciales.




A diferencia de las grandes firmas internacionales que incorporan el espacio como una línea avanzada dentro de su práctica, el estudio SEArch+ nace y opera exclusivamente desde la arquitectura espacial. Con sede en Estados Unidos, la oficina mantiene una relación de trabajo sostenida desde hace casi dos décadas con la NASA, en particular con la División de Habitabilidad Humana del Centro Espacial Johnson y el Centro de Investigación Langley.
Entre sus proyectos más reconocidos se encuentran Mars Ice House y Mars X-House, desarrollados en el marco de los desafíos de hábitats impresos en 3D impulsados por la NASA y America Makes. Mars Ice House introdujo un giro conceptual decisivo al utilizar el hielo de agua como material estructural y escudo radiológico, permitiendo el ingreso de luz natural y una relación visual directa con el paisaje marciano. Por su parte, Mars X-House fue premiado en la Fase 3 del NASA 3D Printed Habitat Challenge por su enfoque centrado en la seguridad, la redundancia y el bienestar psicológico de la tripulación.

Mientras estos estudios operan desde Europa, Estados Unidos y Australia, Medio Oriente aparece en el mapa de la arquitectura espacial desde un lugar diferente. La región no lidera, al menos por ahora, el diseño arquitectónico de hábitats extraplanetarios, pero en los últimos años empieza a tomar protagonismo como uno de los principales impulsores institucionales y financieros de la exploración espacial.
El caso más elocuente es el de los Emiratos Árabes Unidos, a través del Mohammed Bin Rashid Space Centre y la UAE Space Agency, desarrollando programas espaciales ambiciosos que incluyen misiones a Marte y colaboraciones con la NASA en proyectos lunares. En ese contexto surge Mars Science City, la ciudad de simulación marciana ubicada en Dubái y concebida como un laboratorio terrestre para ensayar la vida en otro planeta.


Algo similar comienza a observarse en Arabia Saudita y, en menor medida, en Israel, donde la exploración espacial se desarrolla principalmente desde la ingeniería y la tecnología. La arquitectura aún no ocupa un lugar central en esos programas, pero los ecosistemas científicos que se están consolidando abren un campo de oportunidades futuras.
En paralelo, los paisajes extremos del desierto funcionan como laboratorios naturales: aislamiento, radiación solar intensa, escasez de recursos y necesidad de autonomía son condiciones que dialogan directamente con los desafíos de la vida en la Luna o Marte. Sin diseñar aún para el espacio, muchas arquitecturas desarrolladas en estos contextos trabajan problemas similares sobre cómo construir sistemas cerrados, eficientes y resilientes en entornos hostiles.








